Instituciones inclusivas: la receta de Daron Acemoglu para una sociedad más próspera
Daron Acemoglu, en su libro “Por qué fracasan los países”, muestra a través de un detallado estudio histórico de naciones alrededor del mundo cómo las macro sociedades han alcanzado alta o baja calidad de vida según las instituciones que hubieran desarrollado.
Acemoglu llama instituciones inclusivas a aquellas que, durante su evolución, están conformadas por sectores pluralistas de la comunidad.
Estas instituciones creen en la igualdad de derechos y en el acceso igualitario a oportunidades y recursos.
Estas instituciones promueven la iniciativa y la colaboración comunal en pro del beneficio de la sociedad.
Necesidad de la institución
Una institución puede ser económica o política; necesitando primero una institución política inclusiva y centralizada capaz de mantener a la población unida para que estos desarrollen instituciones económicas de libre mercado.
Los principios que podemos observar en instituciones inclusivas son la universalidad, la no discriminación y la acción dirigida —particularmente para grupos de personas en desventaja que requieren de un trato diferente al que los dejó en esa posición en primer lugar.
Su contraparte, las instituciones extractivas, son instituciones manufacturadas u orgánicas que centralizan el poder en un grupo y marginalizan a los otros.
En esta concentración de poder es que vemos florecer la corrupción y la disparidad.
Acceso a la educación
La movilidad social se ve constreñida al punto en el cual es difícil acceder a la educación, tener seguridad en la propiedad privada y acceder a recursos.
Evidentemente, esto desmotiva a los posibles inversionistas y desacelera el proceso creativo de nuevas y mejores tecnologías.
En pocas palabras, garantiza que un estado fracase social y económicamente.
Estas instituciones extractivas están a nuestro alrededor; las vemos en la televisión y muchas veces entramos en contacto con ellas en nuestro día a día (si es que somos habitantes de naciones marginalizadas por estas instituciones).
Un alto
Basta con ver a naciones autocráticas y con dictadores, dónde vemos capitalismo clientelista, falta de derechos de propiedad privada y carencia de controles y equilibrios.
Y es precisamente este último concepto, “controles y equilibrios”, el que nos permitirá a los ciudadanos de países con mayoría de instituciones extractivas evolucionar a instituciones inclusivas.
Esto sucederá en el momento en que bastos sectores de la población nos organicemos y levantemos la voz.
No es necesario la violencia o la inestabilidad, sino ejercer una presión constante que forcé a aquellos que han hecho mal uso del poder a cambiar y entregar poco a poco más oportunidad a los demás sectores para ser representados e incluidos.
Los riesgos
El riesgo que corre una sociedad, ignorante de los beneficios de una comunidad próspera, al derrocar a un régimen con instituciones extractivas es que estos mismos caudillos liberadores se convierten en los nuevos opresores de la población.
De ahí la importancia de hacer cambios graduales y paulatinos. No hay prisa.
Todos quisiéramos tener sociedades pluralistas y mejor división de riquezas, pero tenemos que pensar en que por querer hacerlo todo en un solo movimiento, en cambiar todo de un día para otro, nos enfrentaremos a la gran probabilidad de dejar las cosas peor de lo que estaban.
Casos como este son, en décadas anteriores, lo sucedido en la Argentina de Menem o en la Venezuela de Chávez. Inclusive sociedades como la británica, la estadounidense, la japonesa y la alemana, que son referentes mundiales de inclusión y de buena calidad de vida, han tenido que atravesar por etapas críticas en las cuales los vicios de la ambición personal dieron fruto a instituciones extractivas.
El deber como filósofos
No hay comunidad perfecta o nación ideal. Nuestro deber como filósofos de hoy es ayudar a otros a reflexionar sobre su presente e interesarse en hacer algo.
Mientras más personas sumemos, más fácil será transicionar hacia círculos virtuosos de apoyo e inclusión que nos permitan escapar de las trampas antiguas que hoy envenenan el corazón de nuestras comunidades.
Conclusión
Las instituciones inclusivas son esenciales para el desarrollo y la prosperidad de una sociedad.
Al garantizar que todas las personas, independientemente de su origen, género, edad o habilidades, tengan acceso a oportunidades equitativas, estas instituciones fomentan un ambiente de justicia y bienestar colectivo.
La inclusión no solo promueve la diversidad y la igualdad, sino que también impulsa la innovación y el crecimiento económico al aprovechar el potencial de toda la población.
La creación y el fortalecimiento de instituciones inclusivas son fundamentales para construir una sociedad próspera, justa y resiliente.
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Estoy de acuerdo en que los cambios drásticos pueden ser contraproducentes. La historia de Argentina y Venezuela lo demuestra claramente.
laura, no podemos comparar todos los casos. Cada país tiene su contexto y sus desafíos únicos. No es justo generalizar.
Miguel, aunque tienes razón en que cada país es único, hay lecciones que podemos aprender de estos ejemplos históricos. Venezuela es el vivo ejemplo.