Un modelo educativo más holístico
La enseñanza de nuestros infantes no es un tema a tomar a la ligera. Durante varios siglos, hemos sometido a debates filosóficos y científicos la importancia de la enseñanza del lenguaje en las primeras etapas de vida.
Hoy nos preguntamos: ¿dada la evidencia científica con la que contamos, deberíamos reformar la forma en que educamos?
El neurocientífico francés Stanislas Dehaene, a través de diversos estudios realizados en bebés tan jóvenes como de dos meses de edad, ha demostrado que el cerebro humano está estructurado para captar patrones lingüísticos desde el nacimiento.
¿A qué equivale?
Esto equivale a decir que todos los bebés nacen preconfigurados para aprender idiomas, ya sea este español o coreano.
Los hallazgos de Dehaene vinieron a derrumbar ideas antiguas en las que se creía que los cerebros recién nacidos venían “desorganizados” y requerían ordenarse para poder aprender.
Hoy sabemos que los bebés pueden reconocer patrones sonoros y reglas implícitas del lenguaje. Esto lo desarrollan, incluso, dentro del vientre de la madre. Dehaene llama a estas áreas del cerebro “circuitos especializados”.
Nuevos ejercicios
Estos hallazgos sugieren que es mejor introducir ejercicios y actividades que estimulen ciertas áreas del cerebro desde temprana edad. Esto lo podemos lograr exponiendo a los bebés a diferentes voces y a juegos de palabras rítmicas.
Ahora, contrastemos estos hallazgos con la filosofía de Maurice Merleau-Ponty, un filósofo de la fenomenología. Merleau-Ponty enfatizaba que hay una relación fundamental entre el cuerpo y el mundo, ya que, a través de esta relación, es posible percibir y aprender.
El aprendizaje es mucho más
La idea de Merleau-Ponty se equipara a ver el cuerpo de uno como el mediador entre el individuo y el entorno. Él ve el aprendizaje como algo más que un proceso cognitivo; aprender es también una experiencia corporal y emocional.
En términos educativos, la visión de Merleau-Ponty y la fenomenología abre la enseñanza a una dimensión práctica en la que se involucren movimiento, gestos y tacto.
Dicho de forma sencilla, los bebés deben, además de aprender palabras, vivir, sentir y percibir su contexto.
Aplicación práctica
Tomando en cuenta ambas propuestas, podemos estimular la plasticidad de nuestros bebés e infantes en cualquier área, ya sea si los cuidamos en casa, los dejamos en una guardería o estos asisten a un jardín de niños.
Debemos incluir zonas de exploración sensorial donde los niños interactúen con texturas, sonidos y luces, para después reforzar los patrones y estructuras lingüísticas.
Recordemos que la lingüística está estrechamente relacionada con el desarrollo cognitivo, emocional y social. Sin un aprendizaje del lenguaje óptimo, será difícil para el niño estructurar su pensamiento.
Los niños deben aprender
Por eso queremos que los niños aprendan el lenguaje, pero no de forma técnica únicamente, sino que preserven la conexión del ser humano con su mundo.
Hay destacar que, aunque esta propuesta que emerge de la intersección entre neurociencia y fenomenología puede definir la evolución en la educación de los primeros años de vida de nuestros hijos, es importante, para seguir mejorando, continuar reflexionando sobre:
¿Cómo educamos a las futuras generaciones para que sean capaces de estructurar y categorizar su mundo sin perder la capacidad de sentirlo y experimentarlo plenamente?
Conclusión
La combinación de neurociencia y fenomenología tiene el potencial de revolucionar la educación infantil al ofrecer un enfoque integral que considera tanto los procesos biológicos del cerebro como las experiencias subjetivas de los niños.
La neurociencia aporta conocimiento sobre cómo los niños aprenden y procesan información, permitiendo diseñar métodos pedagógicos que optimicen el desarrollo cognitivo.
Por otro lado, la fenomenología enfatiza la importancia de comprender las vivencias y percepciones individuales, ayudando a crear entornos educativos más empáticos y adaptados a las necesidades emocionales y sociales de los niños. Juntas, estas disciplinas pueden fomentar una educación que no solo forme mentes brillantes, sino también individuos emocionalmente equilibrados y conscientes.
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